Opiniones

1.mar.2017 / 10:48 am / Haga un comentario

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-“Mi  Coronel, ¿qué van a hacer ustedes?”

– “¡Ay, Chávez!, yo no sé qué va a pasar aquí. Pero la orden que llegó es que todas las tropas salgan a la calle a parar al pueblo”

-“¿Pero cómo lo van a parar?”

-“Con fusiles, con balas’…”

Este desgarrador testimonio es de nuestro Gigante Hugo Rafael Chávez Frías, quien desde Fuerte Tiuna vio cómo el alto mando de las antiguas Fuerzas Armadas, dirige la masacre de un pueblo por orden de Carlos Andrés Pérez, que menos de un mes antes se había “coronado” en el teatro Teresa Carreño.  Pérez, fue una de las caras visibles de la traición histórica de la Internacional Socialista, del movimiento socialdemócrata mundial, que asumió sin rubor el capitalismo salvaje –neoliberal- como doctrina  económica de expoliación a los pueblos.

Decir CAP es decir Ernesto Cedillo en México, Carlos Menem en Argentina, Alan García en Perú y  Felipe González en España, entre otros. Ellos representaron, en su momento, la avanzada del capitalismo traicionando los postulados del “Estado de Bienestar Social” fraguado en Europa desde finales de la II Guerra Mundial, a partir del Plan Marshall, hasta 1987, cuando se inició la llamada “Perestroika” en la antigua URSS de la mano de Mikhail Gorvachov y en América Latina la “Alianza Para el Progreso” gestada por Kennedy en 1959; todo ello, con el objetivo de contener las revoluciones socialistas a la luz del ejemplo que daba en esos días la Revolución Cubana.

Ambos programas consistían en un fuerte impulso a la inversión y a la gestación de reformas laborales y campesinas que hicieran creer a las masas que el capitalismo tenía un “rostro humano” expresado en una aparente “distribución de la renta”; lo cual no era de satisfacción para los capitalistas, pero era asumido como una especie de impuesto para evitar las revoluciones.

Es por ello que al entrar en declive la URSS, se redimensionan los planes hegemónicos del capitalismo y se plantea quitar abruptamente a los pueblos lo poco que el sistema socialdemócrata les había cedido a regañadientes. La expresión filosófica de este proceso lo constituyó la tesis del Fin de la Historia o Fin de las Ideologías publicado por Francis Fukuyama en 1.992, que pregonó el fin de la guerra fría y de las revoluciones marxistas, la imposición de la democracia liberal y la economía de mercado, al igual que el desarrollo económico fundamentado en el “calor” de los sistemas industriales de Estados Unidos, Europa Occidental y Japón.

Todo estaba perfectamente planeado. Venezuela, país petrolero con un peso específico en la geopolítica mundial por ser fundador de la OPEP, ubicado estratégicamente en el norte de América del Sur, junto a México, Perú y Argentina constituían la base de apoyo para una feroz operación de tenaza, que garantizara los recursos naturales baratos y el poder económico que decretó su hegemonía absoluta de forma temprana.

Sin proponérselo, la reacción espontánea del pueblo venezolano a la aplicación del paquetazo neoliberal por parte de CAP y la cruenta represión que generó miles de muertos con el uso indiscriminado de más de 4 millones de municiones, significó un golpe al corazón en la avanzada fraguada por los neoliberales. De allí que sea de vital importancia analizar la verdadera dimensión histórica del llamado Caracazo y sus consecuencias, no solo en el contexto nacional, sino a nivel mundial.

Carlos Andrés Pérez representaba para esos días una especie de “líder tercermundista” capaz de incidir en el destino económico y político de muchos otros pueblos sin necesidad de acudir a sangrientas dictaduras militares como la chilena. La alianza histórica de los socialdemócratas con los neoliberales impregnó de un mal llamado “humanismo”, la lucha por la hegemonía económica. Y fueron precisamente las 72 horas de Rebelión Popular del 27 y 28 de Febrero y 1 de marzo en Venezuela, la primera gran respuesta frente a la estrategia neoliberal.

Venezuela ya está inscrita en la historia como la nación donde se gestó un nuevo proceso de independencia mundial. La cadena de acontecimientos que siguieron al Caracazo, amalgamaron la propuesta económica, política y social que ha puesto en jaque el inmenso poderío imperial. La aparición de Hugo Chávez Frías,  su Rebelión del 04 de Febrero de 1992,  su posterior ascenso a la Presidencia de la República y conducción de la Revolución Bolivariana, le dieron nuevos ímpetus a los movimientos sociales y políticos del planeta. Con Chávez el poder imperial se vio seriamente confrontado y develado sus intereses, al punto, que debió recurrir nuevamente al expediente de la guerra y a la aparición de un nuevo fantasma: el terrorismo. Con este argumento ha iniciado una escalada de violencia contra pueblos y civilizaciones usando todas sus herramientas.

En el caso de Venezuela y de la América Latina, han usado todas las armas de guerra económica y psicológica para colocarnos nuevamente de rodillas. A raíz de la partida física de Chávez, han arreciado su campaña para construirnos un expediente de “Estado Forajido” sin darnos tregua un solo día. Lo que ha debido resistir nuestro Presidente Nicolás Maduro, todo su equipo y con él su pueblo, para defender nuestra soberanía, el derecho a la autodeterminación y convicción de seguir construyendo el Socialismo Bolivariano.

La derecha intenta crear escenarios para asemejar la situación actual con lo vivido a finales de los 80 y luego en los 90 del siglo pasado. Pero las situaciones son totalmente diferentes. Tenemos grandes heridas, como lo diría el Compañero Elias Jaua, producto de la guerra económica, mientras que el gobierno toma decisiones para proteger al pueblo. Tampoco la situación del capitalismo mundial es la misma a la del momento del mundo unipolar; hoy, es evidente, que la aplicación de las políticas neoliberales ha afectado no sólo a los países periféricos, sino también ha generado grandes disturbios en las economías de los países centrales del sistema; grandes contradicciones debe encarar la administración Trump, epicentro del capitalismo occidental, a fin de recomponer su economía.

Por lo demás, las causas del Caracazo obedecieron a la aplicación de una política económica que intentó cercenar a nuestro pueblo lo que incluso ya no tenía. El paquetazo neoliberal nació desde el propio poder político y económico que nos dominaba. En la actualidad las razones obedecen a la ofensiva de poderes fácticos que han incidido en el mercado petrolero para bajar los precios a niveles históricos, nos han cerrado los mercados financieros y además han desarrollado una feroz campaña para desestimular la inversión privada que nos ayude a capitalizar nuevas fuentes de divisas y productos de consumo nacional.

Gracias a la organización popular diseñada por Chávez, a la madurez de nuestro pueblo y a la acertada conducción de este complejo momento de nuestra Patria, por parte del Presidente Nicolás Maduro, hemos resistido y ahora pasamos a la Contraofensiva Estratégica.

Hoy, los ojos del mundo siguen posados en Venezuela. No solo por haber nacido aquí una propuesta alternativa al neoliberalismo hegemónico, sino porque estamos obligados a crear las herramientas para resistir y vencer en esta confrontación histórica tan importante como la librada por nuestras heroínas y héroes que nos dieron la independencia de España.

HONOR Y GLORIA A LAS Y LOS MÁRTIRES DEL 27 DE FEBRERO!!!

 

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